1 Metodología

Para la edición de documentos de procedencia oral de nuestro tiempo y, en este caso, de origen sefardí no existen unos criterios unificados y ampliamente aceptados5. Los editores de la monumental colección Romancero Tradicional de las Lenguas Hispánicas se posicionaron, tiempo atrás, ante este panorama con una metodología ecdótica de respeto al documento original y a la identidad lingüística pero, sobre todo, de respeto por el texto almacenando en la memoria del recitador. Esta idea me parece muy certera y, por ello, tomo como base los criterios empleados por Diego Catalán y Jesús Antonio Cid en el volumen vi de esta colección: Gerineldo, el paje y la infanta6, aunque con ligeras modificaciones, como resumo a continuación.

A pesar de que realizo una normalización de la ortografía y la puntuación de acuerdo a las normas vigentes de la Real Academia Española, esto no implica hacer una normalización lingüística. Pretendo reflejar las peculiaridades lingüísticas de la versión de cada recitador que pueda haber reflejado el colector7, aunque no hago tratamiento especial de los siguientes fenómenos porque los considero habituales en judeoespañol: tanto la distinción entre [ḽ] e [y] como el yeísmo, tanto la realización plena de –s y –z finales como su aspiración sorda [h] o sonora[ɧ] o la realización Ø para –d final salvo si la pérdida de consonante afecta a la estructura rítmica mediante sinalefa; por ello, reflejo llevo aunque se pronuncie [yévo], menos aunque sea [ménoh]. No obstante, cuando las consonantes implosivas finales –s, –z, –r, –l y –n se realizan como Ø, las restauro entre corchetes, por ejemplo mi[l], salvo si afectan a la métrica. Actúo de igual forma con la pérdida de la –d–intervocálica excepto si las vocales en contacto se transforman en diptongo y restauro la [y] junto a vocal palatal en casos como donce[ll]as.

En concreto, pretendo evitar que un único fonema de esta variedad lingüística se represente por más de un grafema, a menos que la tradición ortográfica española justifique la dualidad. Considero, entonces, y reflejo mediante b y v la oposición entre /b/ y /v/ de las comunidades sefardíes de Oriente. Reflejo la [ş] judeoespañola como s o, si es intervocálica, ss o, bien, ç de acuerdo a la ortografía española de los siglos xiii a xvi. En otras palabras, empleo las grafías s y ss cuando en el siglo xvi se pronunciaba [ṡ] y hoy se escribe s, mientras que utilizo ç cuando se pronunciaba [ş] y hoy se escribe c o z. La llamada s sonora o [z] del judeoespañol la reflejo como s cuando el español antiguo la pronunciaba [ż] o cuando el español moderno y antiguo utiliza s, mientras que la reflejo como z cuando el español del siglo xvi la pronunciaba [z] y el moderno escribe c o z. Reservo la grafía x para la [š] judeoespañola. La [ž] judeoespañola la escribo ģ o ĵ, alternando ambos signos de acuerdo a la ortografía española. La [ǧ] judeoespañola la transcribo con los signos ǧ y ǰ de acuerdo a la ortografía española, tanto si tiene autonomía fonemática como si es una variante posicional de [ž].

Por otra parte, cuando hay omisión de un octosílabo en el documento, intento averiguar si a) se trata de un fallo en la memoria del recitador reconocido conscientemente por él mismo, por lo que se reemplaza por una línea de puntos suspensivos; b) se trata de un error ocasional no consciente por el transmisor, por lo que se marca con una línea de puntos suspensivos entre corchetes; y c) se trata de un verso cojo, memorizado e incorporado con éxito como parte de la versión, por lo que no se reemplaza.

Asimismo, anoto mediante aparato crítico positivo las variantes del texto de un mismo recitador. Especial atención merecen, al respecto, las marcas de om., que refiere omisión, de +, que denota añadido y …[palabra], en casos como …a] + y, que indica el lugar anterior al término del inicio de verso.

Finalmente, en relación al orden de las versiones, es necesario separar la tradición oriental de la tradición del norte de África, pues, a pesar de sus convergencias, la distancia geográfica y las diferencias lingüísticas dotan de identidad peculiar a ambas tradiciones. A su vez, se presentan las versiones agrupadas por contaminaciones y, dentro de estos grupos, por motivos o fórmulas comunes que sugieren cierto parentesco, como se detalla en la introducción a cada tradición.